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Prensa

PARA ANA AGUDO SÁNCHEZ (ALIÁN) MÁS QUE PINTORA.

No tuve la suerte de conocerla pero sí disfruté del placer de su pintura con motivo de una muestra de su obra en la sala de exposiciones del “Centro Artístico” de Granada.

Fue entrar en la exposición y trasladarme mentalmente a Dresde. Era como si estuviese ante una muestra de la comunidad artística DIE BRÜCKE (El Puente). Conforme fui observando y analizando cada una de las obras que componían la muestra, más veía y me imaginaba a ALIÁN entre aquellos cuatro componentes del grupo expresionista alemán que un día deciden unirse formulando un mundo utópico, pretendiendo sobrepasar la simple percepción de la realidad para llegar al aspecto psicológico de la impresión.

Ya en 1906 Kirchner, en una declaración a modo de manifiesto que saca el grupo dice así: “Todo aquel que exprese directamente y sin falsías lo que le mueve a crear, pertenece a nuestro grupo”. Seguro que Ana Agudo pudo haber pertenecido a aquella comunidad de haber vivido en aquél tiempo. Es más, habrían sido los componentes de dicho grupo los que, después de conocer su pintura, le habrían solicitado incorporarse al mismo.

Y es que ALIÁN, expresando sus sentimientos de la manera en que lo hace, intenta cambiar el mundo, ejerciendo un papel activo, un papel de lucha. Su estética deriva de su ética, de una necesidad de acción y de una respuesta ante determinadas situaciones sociales.

Observo sus obras como; “Tres en la noche”, “Retrato de la huída”, “Abismo I y III”, “El grito”, “El hambre”, y veo cómo la intensidad de los contenidos, desbordan el perfeccionismo formal, apoyando su expresividad en una base primitivista, que se ve enfatizada por su colorido fauvista.

1 El arte de ALIÁN es un arte de oposición. Oposición a una sociedad egoísta, materialista y ramplona que se inhibe ante problemas tan ingentes y desoladores como son el hambre, la drogadicción y las guerras que asolan la humanidad. Ella cuando traslada al soporte sus sentimientos, no “fotografía” sino que “visiona”. Como diría Pablo Jiménez: “en su quehacer artístico. No mira: ve; no cuenta: vive; no encuentra: busca”. La concatenación de los hechos, enfermedades, drogas, gritos, guerras, hambre… es sustituida por su transfiguración, motivado todo ello porque aferra también lo que detrás de las cosas existe, consiguiendo unos efectos trágicos de una naturaleza incandescente y una desbordante intensidad.

Si tuviera que manifestar mi preferencia por alguna de las obras de ALIÁN sería por “El grito”. En ella, Ana parece escoger momentos cruciales del ser humano (Al igual que Munch o Max Beckman), dando a su dolor y desesperación el gesto más patético. Podríamos recordar, observando esta obra, aquel pasaje del filósofo Sören Kierkegaard, cuya afinidad espiritual con Ana salta a la vista: “Es tanto el peso de mi alma, que ningún pensamiento puede transportarla, y no hay alas capaces de elevarla a lo inmaterial. Si se conmueve, parece acariciar el suelo con sus alas, como el vuelo bajo de los pájaros cuando presienten tormenta. En mi pecho anida una opresión, un temor que adivina un terremoto”.

Ella, que tan alto deseaba a veces volar, parecía bajar a ras del suelo ante el peso de tanta violencia y terror, tanto desamor y tanta angustia, rompiendo el silencio con su desesperado y desgarrado grito.

¡Gracias ANA, por el precioso legado de tu obra!

Fdº Mª Josefa Díaz Díaz.
Catedrático de Dibujo en la Facultad de BB.AA. de Granada.

ALIÁN, UN VIAJE DEL ESPIRÍTU.

La primera vez que encontré a Ana fue en el Centro Cultural donde ella trabajaba, le presenté mi obra para programarla en las exposiciones del Centro…

Una sonrisa simple y acogedora, y una mirada intensa me deslumbró ya desde el primer momento; era como si nos hubiéramos conocido de toda la vida, sensaciones que se viven con pocas personas, sensaciones que se han confirmado y ampliado con el pasar del tiempo, desvelando toda su belleza y potencial interior. Si en nuestra vida el encuentro con una persona especial es algo grande, importante porque sus características son únicas, con Ana encontré una gran persona, una gran artista y sobre todo una gran amiga. El arte y la vida convivían en ella, no eran dos mundos separados, eran un compromiso sincero, concreto, sin intelectualismos superfluos y elitistas. Vivía en la sociedad activamente, luchando contra todo tipo de obstáculos, para defender lo social y todo lo que no permitía la libre circulación de las ideas y creatividad. Sus primeros cuadros de la etapa juvenil son testigos de cuánto Ana estaba enamorada de la gente, compartía sus inquietudes, sus angustias, su felicidad. Las pinceladas expresionistas no quieren limitarse sólo a una denuncia social y expresar con el gesto la vitalidad, la fuerza rebelde y la voluntad de cambiarla; hay también espíritu, esencia de lo humano. Su pintura, con las experiencias de la vida y su interioridad, se enriquece de espiritualidad y fuerza. La técnica expresionista le permite con su fuerza cromática, sus signos, su inquietud matérica, expresar la vida comentándola desde dentro, utilizando la caricatura grotesca o la deformación de la forma para representar lo que la vivencia misma de la vida influye en nuestro espíritu.

La obra madura de Alián, ya en su “etapa intermedia”, tiene algo más que puras vibraciones existenciales: hay espiritualidad, poesía, alegría de vivir, a pesar de todo. Este es el mensaje más importante que Alián nos transmite con su obra: fuerza y energía para sobrevivir, intentar mejorar la sociedad a partir de nosotros mismos, actuando sin egoísmo, desde dentro hacia fuera, sin olvidarse de la belleza del ser humano, de su gran potencial interior, de su poesía.

También todos estos conceptos conviven y son bien evidentes en la obra madura de los últimos años. Del expresionismo queda la fuerza del color y el gesto, pero lo que es realmente significativo son las aplicaciones de las teorías de Delaunay, orfismo, simultaneidad y constructivismo geométrico. En las teorías de Delaunay el color es forma y contenido al mismo tiempo, por efecto de contrastes simultáneos obtiene dinamismo e independencia.

Ocurre así algo extraordinario en esta última obra, de gran formato, que no se limita a un solo dinamismo óptico, a un orfismo donde se relacionan pensamientos de color, luz, música y poesía, pues son una invitación a viajar a través de las formas, colores, espacios, como si el espectador pudiera con el espíritu y no con sus ojos entrar en la obra y vivirla, como la vivió su autora. Un viaje del espíritu a través de la multidimensionalidad, recorriendo las grandes superficies del lienzo en todas las direcciones como una realidad virtual.

He tenido la suerte de conocer a Ana, en un tiempo muy intenso y muy especial. Aprovecho la ocasión para invitar a todos aquellos que no hayan tenido la suerte de conocerla, a admirar su obra siendo así testigos de su extraordinaria belleza, y a través de sus lienzos compartir su vitalidad y su energía que seguirá siempre entre todos nosotros, porque Ana es la mejor expresión del ser humano, es pura vida.

Ana ¡gracias!

Salvatore Cibelli
Operatore artístico

EL COLOR DE LA INOCENCIA.

Dicen de los grandes payasos que en el fondo de su alma reina la tristeza. Dicen de los grandes artistas que su obra crea el mundo fantástico donde refugiarse del dolor que les produce el mundo real.

Quizás ésa sea la razón por la que el resto de los humanos nos sentimos atraídos por la obra artística: para ser transportados a un mundo donde la verdad sea más pura, donde el alma del artista y la nuestra se fundan en el acto amoroso del “sentir juntos”.

A los ojos de Ana nunca escapó el pinchazo del dolor humano que vemos en sus cuadros, pero su excepcional generosidad lo transformó en un grito de esperanza.

La obra de Ana nos desarma con su inocencia invitándonos dulcemente a “ser mejores”. Nada más y nada menos.

A medida que su pintura se va dejando conocer, su obra, es decir su vida, se va dejando sentir.

Los que tuvimos la fortuna de conocerla e inevitablemente amarla palpamos la alegría de su generosidad. Alegría y generosidad sin tregua, sin medida.

Ella se fue y nos dejó el perfume de sus colores, el eco de su “alegría revolucionaria”.

Ana vino a este mundo para hacernos el amor.

Y nosotros…

Chema Muñoz.
Actor.

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